jueves, 4 de junio de 2026

LECTURAS DEL JUEVES IX DEL T. ORDINARIO 4 DE JUNIO SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO (BLANCO)

 

Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes.



Solemnidad, EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

Blanco. MR p. 449 [447] / Lecc II p. 97. LH de la Solemnidad.



ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 80, 17

Alimentó a su pueblo con lo mejor del trigo y lo sació con miel sacada de la roca.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Señor nuestro Jesucristo, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos continuamente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Te di un alimento que ni tú ni tus padres conocían.

Del libro del Deuteronomio: 8, 2-3. 14-16

En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: "Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer si ibas a guardar sus mandamientos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios. No sea que te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud; que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes; que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura, y que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres". 

Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.

Del salmo 147 

R/. Bendito sea el Señor.


Glorifica al Señor, Jerusalén, a Dios ríndele honores, Israel. Él refuerza el cerrojo de tus puertas y bendice a tus hijos en tu casa. R/.

Él mantiene la paz en tus fronteras, con su trigo mejor sacia tu hambre. Él envía a la tierra su mensaje y su palabra corre velozmente. R/.

Le muestra a Jacob sus pensamientos, sus normas y designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo ni le ha confiado a otro sus proyectos. R/.

El pan es uno y los que comemos de ese pan formamos un solo cuerpo.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 10, 16-17

Hermanos: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan. 

Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.

SECUENCIA

(Puede omitirse o puede recitarse en forma abreviada, comenzando par la estrofa: "El pan que del cielo baja ").


Al Salvador alabemos, 
que es nuestro pastor y guía.
Alabémoslo con himnos
y canciones de alegría.


Esto nuevo, siempre nuevo, 

es la luz de la verdad. 
que sustituye a lo viejo 
con reciente claridad.


Alabémoslo sin límites 

y con nuestras fuerzas todas; 
pues tan grande es el Señor, 
que nuestra alabanza es poca.


Gustosos hoy aclamamos 

a Cristo, que es nuestro pan. 
pues El es el pan de vida
que nos da vida inmortal.


Doce eran los que cenaban 

y les dio pan a los doce. 
Doce entonces lo comieron, 
y, después, todos los hombres.


Sea plena la alabanza 

y llena de alegres cantos; 
que nuestra alma se desborde 
en todo un concierto santo.


Hoy celebramos con gozo 

la gloriosa institución 
de este banquete divino, 
el banquete del Señor.


Esta es la nueva Pascua, 

Pascua del único Rey, 
que termina con la alianza 
tan pesada de la ley.


En aquella ultima cena 

Cristo hizo la maravilla
de dejar a sus amigos 
el memorial de su vida.


Enseñados por la Iglesia, 

consagramos pan y vino, 
que a los hombres nos redimen, 
y dan fuerza en el camino.


Es un dogma del cristiano 

que el pan se convierte en carne, 
y lo que antes era vino 
queda convertido en sangre.


Hay cosas que no entendemos, 

pues no alcanza la razón; 
mas si las vemos con fe, 
entraran al corazón.


Bajo símbolos diversos y 

en diferentes figuras, 
se esconden ciertas verdades 
maravillosas, profundas.


Su sangre es nuestra bebida; 

su carne, nuestro alimento; 
pero en el pan o en el vino 
Cristo esta todo completo

Quien lo come, no lo rompe, 
no lo parte ni divide; 
El es el todo y la parte;
vivo esta en quien lo recibe.


Cuando parten lo exterior,

solo parten lo que has visto;
no es una disminución
de la persona de Cristo.


Puede ser tan solo uno 

el que se acerca al altar, 
o pueden ser multitudes: 
Cristo no se acabara.


Lo comen buenos y malos, 

con provecho diferente; 
no es lo mismo tener vida 
que ser condenado a muerte.


A los malos les da muerte 

y a los buenos les da vida. 
¡Que efecto tan diferente 
tiene la misma comida!


El pan que del cielo baja 

es comida de viajeros. 
Es un pan para los hijos. 
¡No hay que tirarlo a los perros!


Isaac, el inocente, 

es figura de este pan, 
con el cordero de Pascua 
y el misterioso mana.


Ten compasión de nosotros, 

buen pastor, pan verdadero. 
Apaciéntanos y cuídanos 
y condúcenos al cielo.


Si lo parten, no te apures 

solo parten lo exterior; 
en el mínimo fragmento 
entero late el Señor.


Todo lo puedes y sabes, 

pastor de ovejas, divino. 
Concédenos en el cielo 
gozar la herencia contigo. Amen.


ACLAMACIÓN Jn 6, 51 








R/. Aleluya, aleluya.


Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre. R/.


Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

Del santo Evangelio según san Juan: 6, 51-58

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".

Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"

Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre". 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, concede, bondadoso, a tu Iglesia, los dones de la unidad y de la paz, significados místicamente en las ofrendas que te presentamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio II o I de la Eucaristía.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 6, 56

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concédenos, Señor Jesucristo, disfrutar eternamente del gozo de tu divinidad que ahora pregustamos, en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

miércoles, 3 de junio de 2026

LECTURAS DEL MIÉRCOLES IX DEL T. ORDINARIO 3 DE JUNIO SAN CARLOS LWANGA Y COMPAÑEROS MÁRTIRES (ROJO)

 

Cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. 



Memoria, SAN CARLOS LWANGA y Compañeros Mártires

Rojo. MR p. 726 [747] / Lecc. II p. 404




ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sb 3,6-7.9

El Señor probó a sus elegidos como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto. En el juicio de Dios serán premiados, pues la gracia y la misericordia son para sus elegidos.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que hiciste que la sangre de los mártires sea semilla de nuevos cristianos, concédenos que el campo de tu Iglesia, regado por la sangre de los san Carlos Lwanga y compañeros, produzca siempre abundante cosecha para ti. Por nuestro Señor Jesucristo ...

LITURGIA DE LA PALABRA

Reaviva el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 1, 1-3. 6-12

Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, conforme a la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro. Cuando de noche y de día te recuerdo en mis oraciones, le doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura, como lo aprendí de mis antepasados. Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos.

Porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación. No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni te avergüences de mí, que estoy preso por su causa. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Él nos ha salvado y nos ha llamado a llevar una vida santa, no por nuestros méritos, sino por su propia determinación y por la gracia que nos ha sido dada, en Cristo Jesús, desde toda la eternidad. Esta gracia es la que se ha manifestado ahora con el advenimiento de nuestro Salvador, Jesucristo, quien ha destruido la muerte e irradiado la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio, del que he sido nombrado predicador, apóstol y maestro.

Por este motivo soporto esta prisión, pero no me da vergüenza, porque sé en quién he puesto mi confianza, y estoy seguro de que él con su poder cuidará, hasta el último día, lo que me ha encomendado.

Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.

Del salmo 122

R/. En ti, Señor, tengo fijos mis ojos.

En ti, Señor, que habitas en lo alto, fijos los ojos tengo, como fijan sus ojos en las manos de su señor, los siervos. R/.

Así como la esclava en su señora tiene fijos los ojos, fijos están en el Señor los nuestros hasta que Dios se apiade de nosotros. R/.

ACLAMACIÓN  Jn 11, 25. 26








R/. Aleluya, aleluya.


Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí no morirá para siempre. R/.

Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Del santo Evangelio según san Marcos: 12, 18-27

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió, para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete".

Jesús les contestó: "Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados".

Palabra del Señor. 

Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Al presentarte, Señor, nuestras ofrendas, te suplicamos, así como tus mártires prefirieron morir antes que ofenderte, nosotros vivamos consagrados a ti, entregados a servirte en tu altar. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 115, 15

A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Habiendo recibido, Señor, el divino sacramento, al conmemorar la victoria de tus santos mártires, te suplicamos que, lo que a ellos les permitió soportar los suplicios, a nosotros nos abstenga, en medio de las adversidades, constancia en la fe y en la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

martes, 2 de junio de 2026

LECTURAS DEL MARTES IX DEL T. ORDINARIO 2 DE JUNIO (VERDE O ROJO)

 

"Den al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios".  




Feria o SANTOS MARCELINO y PEDRO, Mártires

Verde / Rojo. MR pp. 726 y 878 [747 y 917] / Lecc. II p. 400


ANTÍFONA DE ENTRADA

Estos santos derramaron su sangre gloriosa por el Señor, amaron a Cristo en su vida, lo imitaron en su muerte, y por eso merecieron la corona del triunfo.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que nos asistes y proteges por la gloriosa confesión de los santos mártires Marcelino y Pedro, concédenos que, siguiendo su ejemplo, progresemos y experimentemos el apoyo de su intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo…

LITURGIA DE LA PALABRA

Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva.

De la segunda carta del apóstol san Pedro: 3,12-15.17-18

Hermanos: Piensen con cuanta santidad y entrega deben ustedes vivir esperando y apresurando el advenimiento del día del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos.

Pero nosotros confiamos en la promesa del Señor y esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, apoyados en esta esperanza, pongan todo su empeño en que el Señor los halle en paz con Él, sin mancha ni reproche, y consideren que la magnanimidad de Dios es nuestra salvación.

Así pues, queridos hermanos, ya están ustedes avisados; vivan en guardia para que no los arrastre el error de los malvados y pierdan su seguridad. Crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. A Él la gloria, ahora y hasta el día de la eternidad. Amen. 

Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.

Del salmo 89 

R/. Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Desde antes que surgieran las montañas, y la tierra y el mundo apareciesen, existes ni, Dios mío, desde siempre y por siempre. R/.

Tú haces volver al polvo a los humanos, diciendo a los mortales que retornen. Mil años son para ti como un día, que ya paso; como una breve noche. R/.

Setenta son los años que vivimos; llegar a los ochenta es más bien raro; pena y trabajo son los más de ellos, como suspiro pasan y pasamos. R/.

Llénanos de tu amor por la mañana y jubilo será la vida toda. Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos puedan mirar tus obras y tu gloria. R/.


ACLAMACIÓN cfr. Ef 1, 17-18

 R/. Aleluya, aleluya.



Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento. R/.

Den al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios.

Del santo Evangelio según san Marcos: 12,13-17

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa. Se acercaron, pues, a Él y le dijeron: "Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al Cesar? ¿Se lo damos o no se lo damos?". Jesús, notando su hipocresía, les dijo: "¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea". Se la trajeron y Él les pregunto: "¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?". Le contestaron: "Del Cesar".

Entonces les respondió Jesús: "Den al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios". Y los dejo admirados. 

Palabra del Señor. 

Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Padre santo, las ofrendas que te presentamos en la conmemoración de estos santos mártires y a nosotros tus siervos concédenos permanecer siempre firmes en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

La abundante recompensa de los santos consiste en la presencia de Dios: murieron por Cristo y viven para siempre.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor Dios, que en tus santos mártires Marcelino y Pedro manifestaste de modo admirable el misterio de la cruz, concede, benigno, que, fortalecidos por este sacrificio, permanezcamos fielmente adheridos a Cristo y trabajemos en la Iglesia por la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.