lunes, 6 de febrero de 2012

LECTURAS DEL DOMINGO V DEL T. ORDINARIO 5 DE FEBRERO


Él les dijo: "Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido".





ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 94, 6-7)

Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque Él es nuestro Dios.

ORACIÓN COLECTA

Señor, que tu amor incansable cuide y proteja siempre a estos hijos tuyos, que han puesto en tu gracia toda su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Se me han asignado noches de dolor.

Del libro de Job: 7, 1-4. 6-7


En aquel día, Job tomó la palabra y dijo: "La vida del hombre en la tierra es como un servicio militar y sus días, como días de un jornalero. Como el esclavo suspira en vano por la sombra y el jornalero se queda aguardando su salario, así me han tocado en suerte meses de infortunio y se me han asignado noches de dolor. Al acostarme, pienso:



`¿Cuándo será de día?'. La noche se alarga y me canso de dar vueltas hasta que amanece. Mis días corren más aprisa que una lanzadera y se consumen sin esperanza. Recuerda, Señor, que mi vida es un soplo. Mis ojos no volverán a ver la dicha". 

Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.



Del salmo 146 

R/. Alabemos al Señor, nuestro Dios.



Alabemos al Señor, nuestro Dios, porque es hermoso y justo el alabarlo. El Señor ha reconstruido a Jerusalén y a los dispersos de Israel los ha reunido. R/.

El Señor sana los corazones quebrantados y venda las heridas. Tiende su mano a los humildes y humilla hasta el polvo a los malvados. R/.

Él puede contar el número de estrellas y llama a cada una por su nombre. Grande es nuestro Dios, todo lo puede; su sabiduría no tiene límites. R/.


¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 9, 16-19. 22-23


Hermanos: No tengo por qué presumir de predicar el Evangelio, puesto que ésa es mi obligación. ¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por propia iniciativa, merecería recompensa; pero si no, es que se me ha confiado una misión. Entonces, ¿en qué consiste mi recompensa? Consiste en predicar el Evangelio gratis, renunciando al derecho que tengo a vivir de la predicación.



Aunque no estoy sujeto a nadie, me he convertido en esclavo de todos, para ganarlos a todos. Con los débiles me hice débil, para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos, a fin de ganarlos a todos. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. 

Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.



ACLAMACIÓN (Mt 8, 17) 




R/. Aleluya, aleluya.



Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores. R/.


Curó a muchos enfermos de diversos males.

Del santo Evangelio según san Marcos: 1, 29-39


En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.



Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era Él.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: "Todos te andan buscando". Él les dijo: "Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido". Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios. 

Palabra del Señor. 

Gloria a ti, Señor Jesús.


Credo

PLEGARIA UNIVERSAL


Fieles a las palabras de Jesús que nos invita a orar siempre sin desanimarnos, presentemos al Padre nuestras peticiones.



Después de cada petición diremos:
E
scúchanos, Padre.
P
or la santa Iglesia extendida por toda la tierra y presente en nuestra comunidad. Oremos al Señor.
Por todos los hombres y mujeres que en el mundo entero sufren la tragedia del hambre. Oremos al Señor.

Por las personas y entidades que generosamente luchan contra el hambre y la pobreza. Oremos al Señor.

Por las vocaciones a la vida consagrada. Oremos al Señor.

Por los países sometidos a dictaduras, y por todos los que sufren opresiones y violencias. Especialmente nuestra patria. Oremos al Señor.

Por los políticos de México, electos para servir al pueblo, especialmente diputados y senadores. Oremos al Señor.

Por nosotros, y por nuestros familiares y amigos. Oremos al Señor.

Escucha, Padre, las plegarias que te hemos presentado, tú que eres nuestro auxilio. Atiende nuestros anhelos, y danos tu Espíritu Santo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, Dios nuestro, tú que nos has dado este pan y este vino para reparar nuestras fuerzas, conviértelos para nosotros en sacramento de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo Ordinario.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 5, 5-6

Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, tú que has querido hacemos participar de un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo, que nuestro trabajo sea eficaz para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

sábado, 4 de febrero de 2012

LECTURAS DEL SÁBADO IV DEL T. ORDINARIO 4 DE FEBRERO SANTA AGUEDA VIRGEN Y MÁRTIR


"Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco".






ANTÍFONA DE ENTRADA

Por su total consagración a Dios, santa Águeda mereció escuchar estas palabras: Ven, esposa de Cristo, y recibe la corona que el Señor te ha preparado para toda la eternidad.

ORACIÓN COLECTA

Que tu santa virgen y mártir Águeda, tan agradable siempre a tu corazón por la consagración de su virginidad y su valor en el martirio, nos obtenga, Señor, tu fortaleza, para superar nuestro egoísmo y nuestra cobardía. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Te pido que me concedas sabiduría de corazón para gobernar a tu pueblo.


Del primer libro de los Reyes: 3, 4-13


En aquellos días, el rey Salomón fue al santuario de Gabaón a ofrecer sacrificios y ofreció mil holocaustos sobre el altar. Una noche, estando él dormido en aquel lugar, se le apareció el Señor y le dijo: "Salomón, pídeme lo que quieras y yo te lo daré".



Salomón le respondió: "Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?".

Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo:

"Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo". 

Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.



Del salmo 118 

R/. Enséñanos, Señor, a cumplir tus preceptos.



Sólo cumpliendo tus mandatos puede un joven vivir honestamente. Con todo el corazón te voy buscando, no me dejes desviar de tus preceptos. R/.

En mi pecho guardé tus mandamientos, para nunca pecar en contra tuya. Señor, bendito seas; enséñame tus leyes. R/.

Con mis labios he ido enumerando todos los mandamientos de tu boca. Más me gozo cumpliendo tus preceptos que teniendo riquezas. R/.



ACLAMACIÓN (Jn 10, 27) 






R/. Aleluya, aleluya.



Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen. R/.






Andaban como ovejas sin pastor.

Del santo Evangelio según san Marcos: 6, 30-34


En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces Él les dijo: "Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco". Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.



Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Palabra del Señor. 

Gloria a ti, Señor Jesús.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS


Que los dones que vamos a ofrecerte en honor de tu santa virgen Águeda te sean, Señor, tan agradables, como agradable fue a tus ojos su martirio.

Por Jesucristo, nuestro Señor


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (cfr. Lc 10, 42)

Santa Águeda, virgen, escogió la mejor parte y no le será quitada.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor y Dios nuestro, que glorificaste a santa Águeda con la doble corona de la virginidad y del martirio, concédenos que esta comunión nos ayude a superar todas las pruebas y podamos así alcanzar el Reino eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.

viernes, 3 de febrero de 2012

LECTURAS DEL VIERNES IV DEL T. ORDINARIO 3 DE FEBRERO


"Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".





ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 32, 11. 19)

Los proyectos de su corazón subsisten de edad en edad, para librar de la muerte la vida de sus fieles, y reanimarlos en tiempo de hambre.

ORACIÓN COLECTA

Haz, Señor, que nos revistamos con las virtudes del corazón de tu Hijo, y nos encendamos con el amor que lo inflama, para que, asemejándonos a Él, merezcamos participar de la eterna redención.Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

David amaba con toda el alma a su creador y le entonaba canciones de alabanza.

Del libro del Sirácide (Eclesiástico): 47, 2-13


Como se aparta la grasa para los sacrificios, así fue escogido David entre los hijos de Israel. Él jugaba con leones, como si fueran cabritos y con osos, como si fueran corderos. Joven aún, mató al gigante y lavó la deshonra de su pueblo: hizo girar su honda y de una pedrada derribó la soberbia de Goliat. Porque invocó al Dios altísimo, Él le dio fuerza a su brazo para aniquilar a aquel poderoso guerrero y restaurar el honor de su pueblo. Por eso celebraban con canciones su victoria sobre diez mil enemigos, y lo bendecían en nombre del Señor. Ya cuando era rey, peleó con todos sus enemigos y los derrotó. Aniquiló a los filisteos y quebrantó su poder para siempre. Por todos sus éxitos daba gracias al Dios altísimo y lo glorificaba. Amaba con toda el alma a su creador y le entonaba canciones de alabanza. Instituyó salmistas para el servicio del altar, que con sus voces hicieron armoniosos los cantos. Celebró con esplendor las fiestas y organizó el ciclo de las solemnidades. El santuario resonaba desde el alba con alabanzas al nombre del Señor.



El Señor le perdonó sus pecados y consolidó su poder para siempre. Le prometió una dinastía perpetua y le dio un trono glorioso en Israel. Por sus méritos le sucedió un hijo sabio, que vivió en paz: Salomón fue rey en tiempos tranquilos, porque Dios pacificó sus fronteras; le construyó un templo al Señor y le dedicó un santuario eterno. 


Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.



Del salmo 17 

R/. Bendito sea Dios, mi salvador.



Perfecto es el camino del Señor y firmes sus promesas. Quien al Señor se acoge, en Él halla defensa. R/.


Bendito seas, Señor, que me proteges; que tú, mi salvador, seas bendecido. Te alabaré, Señor, ante los pueblos y elevaré mi voz, agradecido. R/.

Tú concediste al rey grandes victorias y con David, tu ungido, y con su estirpe siempre has mostrado, Señor, misericordia. R/.



ACLAMACIÓN (cfr. Lc 8, 15) 

R/. Aleluya, aleluya.



Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto. R/.




Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado.

Del santo Evangelio según san Marcos: 6, 14-29


En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: "Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado".



Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: "No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano". Por eso Herodes lo mandó encarcelar.


Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida, pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".

Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?". Su madre le contestó: "La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: "Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

Palabra del Señor. 

Gloria a ti, Señor Jesús.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, Padre misericordioso, que por el inmenso amor con que nos has amado, nos diste con inefable bondad a tu Hijo único, concédenos que, identificados con Él en una perfecta unidad, te ofrezcamos una digna oblación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Jn 19, 34)

Uno de los soldados le abrió el costado con su lanza, y al punto salió sangre y agua.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Habiendo participado de tu sacramento de amor, te pedimos, Señor, la gracia de parecernos a Cristo aquí en la tierra, para merecer compartir su gloria allá en el cielo, con Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

jueves, 2 de febrero de 2012

LECTURAS DEL JUEVES IV DEL T. ORDINARIO 2 DE FEBRERO FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR.


"Luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".








BENDICIÓN DE LAS VELAS Y PROCESIÓN

Primera forma: Procesión


1. A una hora conveniente, se reúnen los fieles en algún lugar adecuado, fuera del templo donde va a efectuarse la procesión. Los fieles sostienen en sus manos las velas apagadas.



2. El sacerdote, revestido de blanco, como para la misa, se acerca, junto con los ministros, al lugar donde el pueblo está congregado. En lugar de la casulla, puede usar la capa pluvial durante la bendición de las velas y la procesión.


3. Mientras encienden las velas, se canta la antífona siguiente u otro cántico apropiado.
Nuestro Señor vendrá con gran poder, e iluminará los ojos de sus siervos, aleluya.

4. El sacerdote, después de saludar a los fieles en la forma acostumbrada, les explica brevemente el significado del rito y los exhorta a participar en él, activa y conscientemente. Lo puede hacer con estas palabras u otras parecidas:

Hermanos, hace cuarenta días celebramos con júbilo el nacimiento del Señor. Hoy también la Iglesia está de fiesta al celebrar el día en que Jesús fue presentado en el templo por María y José.

El Señor quiso sujetarse a este rito para cumplir con las exigencias de la ley, pero, sobre todo, para manifestarse al pueblo que lo esperaba.

Impulsados por el Espíritu Santo, fueron al templo aquellos dos ancianos, Simeón y Ana, e iluminados por el mismo Espíritu, reconocieron al Señor y lo anunciaron a todos con entusiasmo.

También nosotros, que formamos el pueblo de Dios por la gracia del Espíritu Santo, vayamos al encuentro de Cristo en la casa de Dios.

Hallaremos al Señor en la Eucaristía mientras esperamos su venida gloriosa.

5. Después de la exhortación, el sacerdote bendice las velas, diciendo con las manos juntas:

Oremos:

Dios nuestro, fuente y principio de toda luz, que concediste al justo Simeón contemplar a Cristo, luz destinada a iluminar a todas las naciones, bendice estas velas con las que tus fieles van a ir a tu encuentro en medio de himnos de alabanza, y escucha su oración a fin de que por el camino del bien puedan llegar a la luz inextinguible. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

Y rocía las velas con agua bendita, sin decir nada.

6. El sacerdote toma entonces la vela destinada a él e inicia la procesión, diciendo:

Vayamos ahora alegres al encuentro del Señor.

7. Durante la procesión se canta la antífona siguiente, o algún canto apropiado.

R/. Cristo es la luz enviada para iluminar a las naciones y para gloria de Israel.

Ahora, Señor, ya puede morir en paz tu siervo, según tu promesa. R/.

Porque mis ojos han visto a tu salvador. R/.

Al Salvador a quien has puesto a la vista de todos los pueblos. R/.

8. Al entrar la procesión en el templo, se canta la Antífona de entrada de la misa. Al llegar al altar, el sacerdote hace la debida reverenda y, si se cree conveniente, lo inciensa. Luego se dirige a la sede, en donde se quita la capa pluvial (si la usó en la procesión) y se pone la casulla. Ahí mismo, después de que se ha cantado el Gloria, dice la Oración Colecta como de ordinario. Prosigue luego la misa de la manera acostumbrada.

Segunda forma: Entrada solemne

9. Los, fieles se reúnen en el templo, teniendo las velas en sus manos. El sacerdote, revestido de ornamentos blancos, va en compañía de los ministros y de una representación de los fieles a un sitio adecuado, ya sea ante la puerta del templo o en el interior del mismo, en donde, por lo menos una gran parte de los fieles, puedan participar cómodamente de la ceremonia.

10. Al llegar el sacerdote al sitio escogido para la bendición de las velas, se encienden éstas, y se canta la antífona 'Nuestro Señor vendrá con gran poder' (cfr. n. 3, p. 27), u otro cántico apropiado.

11. En seguida el sacerdote, después del saludo al pueblo y de la breve exhortación, bendice las velas, como se indica en los nn. 4-5; se efectúa luego la procesión con los cánticos, como en los nn. 6-7. Para la misa se observa lo indicado en el n. 8.



ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 47, 10-11)

Recordaremos, Señor, los dones de tu amor en medio de tu templo. Que todos los hombres de la tierra te conozcan y te alaben, porque es infinita tu misericordia.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, mira a tus fieles reunidos hoy para celebrar la presentación en el templo de tu Hijo Jesucristo, y concédenos que podamos presentarnos ante ti plenamente renovados en el espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Tenía que asemejarse en todo a sus hermanos.

De la carta a los hebreos: 2, 14-18


Hermanos: Todos los hijos de una familia tienen la misma sangre; por eso, Jesús quiso ser de nuestra misma sangre, para destruir con su muerte al diablo, que mediante la muerte, dominaba a los hombres, y para liberar a aquellos que, por temor a la muerte, vivían como esclavos toda su vida.



Pues como bien saben, Jesús no vino a ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham; por eso tuvo que hacerse semejante a sus hermanos en todo, a fin de llegar a ser sumo sacerdote, misericordioso con ellos y fiel en las relaciones que median entre Dios y los hombres, y expiar así los pecados del pueblo. Como Él mismo fue probado por medio del sufrimiento, puede ahora ayudar a los que están sometidos a la prueba.


 Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.



Del salmo 23 

R/. El Señor es el rey de la gloria.



¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria! R/.


Y ¿quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor, poderoso en la batalla. R/.

¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria! R/.

Y ¿quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el rey de la gloria. R/.



ACLAMACIÓN (Lc 2, 32) 



R/. Aleluya, aleluya.



Cristo es la luz que alumbra a las naciones y la gloria de tu pueblo, Israel. R/.




Mis ojos han visto al Salvador

Del santo Evangelio según san Lucas: 2, 22-40


Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.



Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:


"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. 
Y a ti, una espada te atravesará el alma".

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con Él. 

Palabra del Señor. 

Gloria a ti, Señor Jesús.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que te sea agradable, Señor, el sacrificio de tu Hijo único, el Cordero sin mancha que tú quieres que la Iglesia te ofrezca por la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO


En verdad es justo y necesario es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, porque al ser presentado hoy en el templo tu eterno Hijo, fue proclamado por el Espíritu Santo gloria de Israel y luz de las naciones.



Por eso, nosotros, al venir hoy llenos de júbilo al encuentro del Salvador, te alabamos con los ángeles, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo...


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Lc 2, 30-31)

Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has puesto ante la vista de todos los pueblos.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, tú que colmaste las esperanzas del anciano Simeón de no morir antes de ver al Mesías, completa en nosotros la obra de tu gracia por medio de esta comunión, para que sepamos buscar siempre a Cristo en esta vida y podamos llegar a contemplarlo en la eternidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

miércoles, 1 de febrero de 2012

LECTURAS DEL MIÉRCOLES IV DEL T. ORDINARIO 1 DE FEBRERO


Jesús estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente.




ANTÍFONA DE ENTRADA (Lc 12, 42)

Éste es el siervo prudente y fiel, a quien el Señor puso al frente de su familia.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que en tu inefable providencia elegiste a san José por esposo de la santísima Madre de tu Hijo, concédenos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Soy yo, Señor, el que ha pecado. ¿Qué culpa tienen ellos, que son las ovejas?

Del segundo libro de Samuel: 24, 2. 9-17


En aquellos días, el rey David dio a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él, esta orden: "Recorran todas las tribus de Israel, desde la ciudad de Dan hasta la de Bersebá, para hacer el censo de la población, a fin de que pueda yo saber cuánta gente tengo".



Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para la guerra, y en Judá quinientos mil. Pero a David le remordió la conciencia por haber mandado hacer el censo y dijo al Señor: "He pecado gravemente; pero tú, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque he cometido una gran locura".

Aquella misma noche el Señor le habló al profeta Gad, consejero de David, y le dijo: "Ve a ver a David y dile que yo, el Señor, le mando decir esto: 'Te propongo tres castigos. Escoge uno y yo lo realizaré' ".

Por la mañana, Gad se presentó ante David y le preguntó: "¿Qué castigo prefieres; tres años de hambre en tu territorio; tres meses de huir, perseguido por tus enemigos; o tres días de peste en tus dominios? Piénsalo y dímelo, para que pueda yo contestarle al Señor, que me ha enviado".

David le respondió: "Estoy en un gran apuro. Pero prefiero caer en manos de Dios, que es el Señor de la misericordia, que en manos de los hombres". Y escogió la peste.

Era la época de la cosecha del trigo, cuando el Señor envió la peste sobre Israel, desde aquella misma mañana hasta el tiempo señalado. Desde Dan hasta Bersebá murieron setenta mil hombres. Pero, cuando el ángel del Señor había extendido ya su mano hacia Jerusalén, para desatar ahí la peste, el Señor tuvo compasión y le dijo: "¡Basta ya! Retira tu mano". En ese momento el ángel se hallaba cerca de Jerusalén, en los campos de Arauná, el yebuseo. Entonces el rey David, angustiado por el exterminio, oró así: "Soy yo, Señor, el que ha pecado; soy yo, el pastor, quien ha obrado mal. ¿Qué culpa tienen ellos, que son las ovejas? Castígame, pues, a mí y a los míos". 

Palabra de Dios. 

Te alabamos, Señor.



Del salmo 31 

R/. Perdona, Señor, nuestros pecados.



Dichoso aquel que ha sido absuelto de su culpa y su pecado. Dichoso aquel en el que Dios no encuentra ni delito ni engaño. R/.

Ante el Señor reconocí mi culpa, no oculté mi pecado. Te confesé, Señor, mi gran delito y tú me has perdonado. R/.

Por eso, en el momento de la angustia, que todo fiel te invoque, y no lo alcanzarán las grandes aguas, aunque éstas se desborden. R/.



ACLAMACIÓN (Jn 10, 27) 




R/. Aleluya, aleluya.



Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen. R/.


Todos honran a un profeta, menos los de su tierra.


Del santo Evangelio según san Marcos: 6, 1-6


En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: "¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?". Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos. 


Palabra del Señor. 

Gloria a ti, Señor Jesús.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Por intercesión de san José, a quien confiaste la misión de cuidar de tu Unigénito como padre, te pedimos, Señor, que nos concedas poder ofrecerte dignamente este sacrificio de alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Mt 25, 21)

Muy bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Renovados con este sacramento que da vida, te rogamos, Señor, que nos concedas vivir para ti en justicia y santidad, a ejemplo y por intercesión de san José, el varón justo y obediente que contribuyó con sus servicios a la realización de tus grandes misterios. Por Jesucristo, nuestro Señor.