miércoles, 3 de agosto de 2011

LECTURAS DEL MIÉRCOLES XVIII DEL T. ORDINARIO 3 DE AGOSTO

LAS TENSAS RELACIONES DE VECINDAD


Nm 13, 1-2. 25-14, 1. 26-29.34-35; Mt 15. 21-28


Israel llegó a asentarse en la tierra de los cananeos en condiciones desventajosas. Los habitantes originarios del país los superaban en número y en destrezas de todo tipo. La sensación de impotencia los hizo desconfiar de sí mismos y del auxilio divino. Esa relación de vecindad con numerosos pueblos los hizo vivir a la defensiva. De esa cerrazón y ese acendrado nacionalismo no fue fácil reponerse. En el relato evangélico el Señor Jesús, que también había introyectado una cierta superioridad moral en relación a otras razas, se "resistía a mostrar" su compasión a una mujer extranjera que tenía una hija enferma. La fe perseverante y la súplica insistente vencieron finalmente al Señor, que cedió ante sus ruegos.


ANTÍFONA DE ENTRADA (Lc 12, 42)

Éste es el siervo prudente y fiel, a quien el Señor puso al frente de su familia.


ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que en tu inefable providencia elegiste a san José por esposo de la santísima Madre de tu Hijo, concédenos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo...


LITURGIA DE LA PALABRA

Despreciaron la tierra prometida.

Del libro de los Números: 13, 1-2. 25-14, 1. 26-29. 34-35



En aquellos días, el Señor le habló a Moisés en el desierto de Parán y le dijo:


"Envía algunos hombres, uno por cada tribu paterna, para que exploren la tierra de Canaán, que le voy a dar a los hijos de Israel".


Al cabo de cuarenta días volvieron los exploradores, después de recorrer toda aquella tierra. Fueron a presentarse ante Moisés, Aarón y toda la comunidad de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades. Les mostraron los productos del país y les hicieron la siguiente relación:


"Fuimos al país a donde nos enviaste y de veras mana leche y miel, como puedes ver por estos frutos. Pero el pueblo que habita en el país es poderoso; las ciudades están fortificadas y son muy grandes y hasta hemos visto ahí gigantes, descendientes de Anac. Los amalecitas ocupan la región del sur; los hititas, amorreos y yebuseos ocupan la montaña; y los cananeos, la orilla del mar y la ribera del Jordán".


Caleb, uno de los exploradores, calmó al pueblo, que empezaba á criticar a Moisés y les dijo: "Vayamos y conquistemos el país, porque sin duda podremos apoderarnos de él". Pero los demás hombres que habían ido con Caleb, dijeron: "No podemos atacar a ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros". Y empezaron a hablar mal del país que habían explorado, diciendo: "El país que hemos recorrido y explorado, no produce lo suficiente ni para sus propios habitantes. Toda la gente que hemos visto ahí es muy alta. Hemos visto hasta gigantes, descendientes de Anac; junto a ellos parecíamos saltamontes, y como tales nos veían ellos". Al oír esto, toda la comunidad se puso a gritar y se pasó llorando toda la noche.


Entonces el Señor les habló a Moisés y Aarón y les dijo: "¿Hasta cuándo va a seguir protestando contra mí esta comunidad perversa? He oído las quejas de los hijos de Israel contra mí.


Ve y diles: 'Por mi vida, dice el Señor, voy a hacer con ustedes lo que han pedido que suceda. Por haber hablado mal de mí, morirán en el desierto todos los que fueron registrados en el censo, de veinte años para arriba. Les juro que no entrarán en la tierra que prometí darles, con excepción de Caleb, hijo de Yefuné, y de Josué, hijo de Nun.
Así como ustedes emplearon cuarenta días en explorar el país, así cargarán con sus pecados cuarenta años por el desierto, a razón de un año por día. Así sabrán lo que significa desobedecerme. Yo, el Señor, he hablado. Esto es lo que haré con esta comunidad perversa, amotinada contra mí. En este desierto van a consumirse y en él van a morir' ". 


Palabra de Dios.

 Te alabamos, Señor.




Del salmo 105 

R/. Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.



Hemos pecado igual que nuestros padres, cometimos maldades e injusticias. Allá en Egipto, nuestros padres no entendieron, Señor, tus maravillas. R/.

Se olvidaron pronto de tus obras y no se fiaron de tus designios. Su apetito era insaciable en el desierto y te provocaron, Señor, en la estepa. R/.

Se olvidaron del Dios que los salvó y que hizo portentos en Egipto, en la tierra de Cam, mil maravillas, y en las aguas del mar Rojo, sus prodigios. R/.

Por eso hablaba Dios de aniquilarlos; pero Moisés, que era su elegido, se interpuso, a fin de que, en su cólera, no fuera el Señor a destruirlos. R/.




ACLAMACIÓN (Lc 7, 16)

 R/. Aleluya, aleluya.


Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. R/.



Mujer, ¡qué grande es tu fe!



Del santo Evangelio según san Mateo: 15, 21-28



En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: "Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban:



“Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros". Él les contestó: "Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel".


Ella se acercó entonces a Jesús y, postrada ante Él, le dijo: "¡Señor, ayúdame!". Él le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos". Pero ella replicó: "Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le respondió: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas". Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

 Palabra del Señor.


 Gloria a ti, Señor Jesús.



ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS


Por intercesión de san José, a quien confiaste la misión de cuidar de tu Unigénito como padre, te pedimos, Señor, que nos concedas poder ofrecerte dignamente este sacrificio de alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Mt 25, 21)


Muy bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Renovados con este sacramento que da vida, te rogamos, Señor, que nos concedas vivir para ti en justicia y santidad, a ejemplo y por intercesión de san José, el varón justo y obediente que contribuyó con sus servicios a la realización de tus grandes misterios. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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